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“La confianza, el respeto y la amistad en el éxito de la empresa”, Liqui Moly

  • “Los tres pilares de nuestro éxito y los ingredientes más importantes en nuestra interacción”

  • “No tengo por qué controlar a un amigo en quien confío”

  • “¡Cada uno de nosotros trae su propia motivación! Por aquí, no aparecen motivadores, ni gurús del «tú puedes»”

  • “Nosotros ya sabemos lo que hay que hacer. ¡Y lo hacemos!”

Ernst Prost, gerente de la compañía petrolera Liqui Moly, es un hombre muy practico y directo, pone de relieve la importancia que tienen la confianza, el respeto y la amistad en el éxito de las empresas, y muestra como a través de estos conceptos, la compañía que dirige ha logrado sus objetivos aún en tiempos de pandemia. Bien vale conocer sus opiniones y tomar lo mejor de ellas.

Te dejo sus comentarios personales:

Queridos copartícipes, estimadas señoras, estimados señores; amigos:

Confianza, respeto y amistad. Cada vez que describo a un redactor los tres pilares sobre los que se basa nuestro éxito, puedo percibir incluso por teléfono cómo mi interlocutor frunce el ceño… ¿Demasiado idealista? Pues fijémonos en la realidad: Desde que nos afecta la pandemia, hemos contratado a 36 personas y con ello, creado nuevos puestos de trabajo. Hemos repartido gratuitamente en Alemania mercancía por un valor de 4 millones de euros entre diversos servicios de emergencia. Además, hemos invertido adicionalmente 18 millones de euros en la publicidad de nuestra marca y nuestros productos para beneficio de nuestros clientes en comercios y talleres. Todo esto en medio de una de las mayores crisis de nuestros tiempos… Nosotros no somos empleados y jefes, sino empresarios, 1000 copartícipes embarcados en una empresa con valor, empeño y conocimiento. ¡Ah, sí! También somos idealistas… ¿Cuáles son nuestras cifras de venta para este semestre? ¡2 por ciento por encima del año pasado! ¿Tiene usted alguna pregunta más, Hauser?

Confianza, respeto y amistad. Los tres pilares de nuestro éxito y los ingredientes más importantes en nuestra interacción. «Confiar está bien, pero mejor es controlar». Una estupidez. No tengo por qué controlar a un amigo en quien confío.

Nuestras jerarquías son transversales, las decisiones son rápidas y trabajamos en equipos consolidados en la amistad.

Los ególatras y los arribistas no tienen lugar entre nosotros. La marca somos nosotros mismos y la falta talento se compensa con espíritu de lucha y moral, como en el deporte. No necesitamos muchas indicaciones porque todos queremos lo mismo. A los adultos no hay que explicarles qué hay que hacer. Consensuar, informar, preparar. Esto es más que suficiente en una comunidad de personas que se entregan con alegría a un reto. 1000 copartícipes inmersos en sus emprendedurías, para llegar a sus metas, para cumplir sus tareas, lograr éxitos y además divertirse mientras tanto. Para esto no se necesita ni palo ni zanahoria ni tampoco una motivación fingida. ¡Cada uno de nosotros trae su propia motivación! Por aquí no aparecen tampoco motivadores, ni gurús del «tú puedes», ni tampoco, por cierto, empresas de consultoría. Nosotros ya sabemos lo que hay que hacer. ¡Y lo hacemos! Hacer, en vez de hablar y discutir, tiene 1000 veces más que ver con nuestro ADN empresarial y nuestro carácter que todo lo demás.

A veces tengo la impresión de que es muy lucrativo dedicarse a complicar las cosas más simples para después poder emitir una enorme factura en plan asesor superhéroe… Es muy fácil hacer que algo parezca más difícil de lo que es. Lo difícil es simplificar las cosas… Cuanto más complejo es un asunto, más apostamos por la simplicidad y por el sentido común.

Confío plenamente en nuestra fuerza, nuestro conocimiento y nuestra vitalidad. Nos surtimos de 1000 pequeñas fuentes que procuran que el gran río lleve siempre suficiente agua. Y así, todos los días nos hacemos los unos a los otros mejores, más rápidos y más listos. Porque nos escuchamos y porque aprendemos los unos de los otros. Somos un equipo consolidado y hacemos gala de una marcada mentalidad ganadora. Con la misma atención que nos escuchamos, escuchamos también a nuestros clientes. A fin de cuentas nuestra «magia» está pensada para nuestros socios y compañeros de negocios, para talleres, concesionarios y conductores.

Los ególatras y los arribistas no tienen lugar entre nosotros. La marca somos nosotros mismos y la falta talento se compensa con espíritu de lucha y moral, como en el deporte. No necesitamos muchas indicaciones porque todos queremos lo mismo. A los adultos no hay que explicarles qué hay que hacer. Consensuar, informar, preparar. Esto es más que suficiente en una comunidad de personas que se entregan con alegría a un reto. 1000 copartícipes inmersos en sus emprendedurías, para llegar a sus metas, para cumplir sus tareas, lograr éxitos y además divertirse mientras tanto. Para esto no se necesita ni palo ni zanahoria ni tampoco una motivación fingida. ¡Cada uno de nosotros trae su propia motivación! Por aquí no aparecen motivadores, ni gurús del «tú puedes», ni tampoco, por cierto, empresas de consultoría. Nosotros ya sabemos lo que hay que hacer. ¡Y lo hacemos! Hacer, en vez de hablar y discutir, tiene 1000 veces más que ver con nuestro ADN empresarial y nuestro carácter que todo lo demás.

A veces tengo la impresión de que es muy lucrativo dedicarse a complicar las cosas más simples para después poder emitir una enorme factura en plan asesor superhéroe… Es muy fácil hacer que algo parezca más difícil de lo que es. Lo difícil es simplificar las cosas… Cuanto más complejo es un asunto, más apostamos por la simplicidad y por el sentido común.

Confío plenamente en nuestra fuerza, nuestro conocimiento y nuestra vitalidad. Nos surtimos de 1000 pequeñas fuentes que procuran que el gran río lleve siempre suficiente agua. Y así, todos los días nos hacemos los unos a los otros mejores, más rápidos y más listos. Porque nos escuchamos y porque aprendemos los unos de los otros. Somos un equipo consolidado y hacemos gala de una marcada mentalidad ganadora. Con la misma atención que nos escuchamos, escuchamos también a nuestros clientes. A fin de cuentas nuestra «magia» está pensada para nuestros socios y compañeros de negocios, para talleres, concesionarios y conductores.

En vez de dirigirme a asesores endiosados, prefiero preguntar a los chapuzas, mecánicos, maestros mecánicos, comerciales y vendedores qué es lo que esperan de nosotros. Por esta senda llegamos a un resultado con el que ganamos todos.

¡Los mejores negocios siguen siendo aquellos donde todos se benefician y donde nadie pierde! (Por cierto, esto también se puede aplicar a la política y a nuestra convivencia en sociedad…)

Y si remonta este pensamiento hasta sus orígenes, llegará de nuevo a la confianza, el respeto y la amistad…

Manteniendo esto bien presente.

Ernst Prost

Director

 

 

 

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